Las innovadoras tesis que se presentan en Nuestra guerra sin nombre sobre el conflicto armado colombiano advierten que, en este asunto, los diagnósticos equivocados conducen inevitablemente a errores que hace imposible cualquier tipo de salida, ya sea política, militar o una combinación de ambas. Las cuatro secciones que lo componen y que analizan la internacionalización de la guerra, los actores armados ilegales, los recursos del conflicto, así como las muestras de resistencia civil, pretenden establecer un diálogo entre la academia…
Las innovadoras tesis que se presentan en Nuestra guerra sin nombre sobre el conflicto armado colombiano advierten que, en este asunto, los diagnósticos equivocados conducen inevitablemente a errores que hace imposible cualquier tipo de salida, ya sea política, militar o una combinación de ambas. Las cuatro secciones que lo componen y que analizan la internacionalización de la guerra, los actores armados ilegales, los recursos del conflicto, así como las muestras de resistencia civil, pretenden establecer un diálogo entre la academia y la opinión pública e, igualmente, entra la academia y los responsables del diseño de las políticas públicas. Los sugerentes ensayos que hacen parte de este libro rompen con los más repetidos lugares comunes a los que gobernantes, legisladores y militares pretenden reducir la dinámica de nuestra guerra. Es claro, por ejemplo, que no hay disyuntiva entre la apertura del sistema político y la guerra. De hecho, la apertura democrática de 1991 no disminuyó la intensidad del conflicto y, por el contrario, la reforma y la violencia muestran una sorprendente coexistencia. De igual manera, los autores polemizan abiertamente con las tesis dominantes de académicos, forjadores de opinión y gestores de políticas públicas que creen que el aumento constante de los recursos económicos y las relaciones cada vez más estrechas con el crimen organizado habrían contribuido a una irreversible desideologización y despolitización de los actores armados. Aquí, por el contrario, se muestra cómo nuestra guerra es a la vez más acaudalada, más criminal y más política. Este libro es pues una invitación a la vez sólida y provocadora a reabrir el debate sobre el conflicto en Colombia.